20 nov. 2011

La vasectomía, un must have



Tengo entre manos el recorte de un periódico que un amigo guardó para mí pensando que podría interesarme. "Tengo 24 años y quiero ser estéril" como titular. Sí, definitivamente. Me interesa.La construcción de la masculinidad es retorcida, neurótica y exigente. No hay Barbie sin Ken.


La entradilla dice así: "Crece el número de jóvenes que piden ser vasectomizados antes de haber decidido si quieren ser padres algún día". ¿¿¿???. ¿Perdona?. Si no han pensado en ser estériles, ¿en qué han pensado? ¿En colocarse gratis? ¿En ser manoseados por enfermeras? ¡Esta fantasía es un clásico!.


Por lo que parece la cuestión preocupa a urólogos y otros especialistas vizcaínos que no dudan en pronunciarse lanzando, con afectuoso tono paternalista, perlas del estilo de "es un pesimismo global", "cierta inmadurez", "temor a no ser capaz de educar a un niño". Claro. Cuando una pareja con los dos miembros en paro tienen el 2 o 3 hijo es un motivo de alegría. Un joven que decide que quiere ser estéril... no sabe lo que hace.


Según los especialistas entrevistados en el artículo, los 70.000 hombres que eligen ser vasectomizados al año en España se van a arrepentir de la decisión tomada. ¡También se arrepienten millares de padres y madres!... pero eso es algo de lo que no se habla. Si los padres confesasen su arrepentimiento automáticamente se convertirían en monstruos irresponsables. Y por supuesto, cuando vas porque vas a ser padre nadie te dice: "¿ Está usted seguro de haber sopesado con detenimiento si quiere tener un hijo? ¿Está usted preparado para ser padre?".


Sin embargo, quien quiere escuchar otras voces, las encuentra. Así, Elisabeth Badinter en su libro "La mujer y la madre" recoge instructivas aproximaciones. Un sondeo realizado por Philosophie Magazine concluye que por norma general los padres no saben porqué tienen hijos. Del análisis de las respuestas extraídas concluyen que son pocas las parejas que se detienen a analizar las consecuencias de la decisión. Esto la gran mayoría de las veces se decide sin que la razón tenga nada que ver. 


Otra periodista, esta vez del Chicago Sun -Times y allá por los 70´, preguntó a sus lectores si repetirían la experiencia de ser padres. Según Ann Landers, el 70% de las personas le respondió que no. Leslie Lafayette, fundadora de Childfree repitió la experiencia. Entre un 45%-60% de los padres con los que se entrevisto le confesaron sentirse decepcionados, frustrados o arrepentidos.


El artículo que tengo entre manos termina diciendo: "No tenemos apoyo institucional para negarnos". ¡Menos mal!.

17 nov. 2011

In the mood for punk

¡MADRE MÍA!
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Contra la
  producción
...
 ¡seducción!

13 nov. 2011

La cintura, la orilla agitada del género



La cintura es, con mucho, la más conflictiva de las fronteras. Gramaticalmente, su lectura es la más elocuente. Lo que ocurre de cintura para abajo habla de todo lo que preferiríamos callar. 

Una apasionante observación lanzada por una perspicaz intérprete de los signos del vestir dice lo siguiente:  Los hombres tienden a uniformarse de cintura para abajo, tejano o similar en todas sus variantes, y expresará su identidad de cintura para arriba o en sus manos y pies. Es decir, se definirá por sus cualidades humanas y su capacidad de trabajo. Él se vestirá ajeno a los conflictos de género.

Las mujeres, sin embargo, mostrarán una mayor tendencia a uniformarse de cintura para arriba. Obviamente, la amplia oferta femenina en este sentido afecta a la heterogeneidad de este cliché. Sea como fuere, las mujeres sobre todo se definirán por aquello que elijan llevar de cintura para abajo. No es lo mismo llevar una falda midi que una minifalda. No es lo mismo un tejano tirado y cómodo que ya tiene 6 años que un minishort. En la construcción de su identidad y por ende, en el diseño de su apariencia, la mujer antes que nada se posiciona con respecto al género y al sexo. Ella ante todo es mujer. Y tiene que lidiar con eso. El traje de chaqueta con falda, no con pantalón, es uno de los ejemplos más expresivos. Por arriba, angulosa, masculina, profesional. Por abajo, redondita, femenina, incómoda.

A veces, las contradicciones vividas por las asignadas mujer tienen como resultado looks elocuentemente incongruentes. Por ejemplo, está aquella mujer vasca, en la treintena, que lleva uno de esos pantalones de algodón con el tiro caído, de influencia oriental y con tintes progres. La tensión entre su sentir aprendido durante años y lo que desearía sentir se manifiesta en que seguramente esta mujer llevará una camiseta de tirantes bastante escotada, de colores chillones y, muy probablemente, de Zara,  en lugar de algo amplio, fresco y neutro como cabría esperar. 

Y luego también están quienes, como yo, podemos llevar una falda sobre un pantalón o decidimos no llevar nada y salimos sólo con una camisa o jersey oversize.

8 nov. 2011

la SEGURIDAD social




Hace unos días acudí a un ambulatorio con un amigo con intención de pedir hora para realizarnos las pruebas de enfermedades de transmisión sexual. Ya imagináis que salí mosqueada. Sin embargo, el motivo de mi enfado ha ido variando. Me explico...

Para empezar, nos pidieron entrar por separado, cosa que me molestó y que, por supuesto, no nos dio la gana cumplir. Entramos juntos. ¿Por qué entrar separados?. Hubo quien me dijo, "hombre, quieren respetar tu intimidad". Mentira. No quieren respetar mi intimidad. Sólo son protocolos para mantener dentro lo vergonzoso, lo que les avergüenza a ellos no a mi, ni a mi amigo. Y lo dejan claro minutos después.

Todo un raudal de preguntas que no comprendo cae sobre nosotros: ¿tienes pareja? ¿mantienes relaciones heterosexuales u homosexuales? ¿te proteges cuando practicas sexo?. No entiendo para que sirven estas preguntas. ¿Qué pasa? ¿Si tengo pareja no me puedo contagiar?. Si, además, la pareja es heterosexual, ¿soy inmune?. ¿La pareja heterosexual sustituye a un condón?. Pronto y rápido, demasiado, el caballero que nos atiende, deduce que mi amigo, por ser homosexual, asume más riesgos que yo. Y ahí salto en cólera. No puedo aguantarme. ¿Por qué mi amigo asume más riesgos que yo?, le pregunto. "Hombre, la homosexualidad es más promiscua", responde el tipo y se queda tan ancho. Ahora entiendo porque la seguridad social se llama seguridad social. ¡No solo nos curan! ¡Nos protegen de los indeseables!. 


  
"Pero él le ha dicho que tiene pareja, ¿entonces?. Perdóneme, pero es que no lo entiendo. ¿De dónde deduce usted que él asuma más riesgos que yo?, ¿qué riesgos son los que él asume que yo no?". "Creo que me está malinterpretando, señorita.". Yo soy una señorita, no un marica.  "Ya sabe que los de su grupo duran menos, son menos estables. Y no lo digo yo. Lo dice todo el mundo.".  Casi me quedo sorda de golpe. "los de su grupo"... ¿qué grupo? ¿los gays tiene  una banda?. " Dígame, sigue sin responderme, ¿porque deduce que el asume más riesgos que yo?. Yo soy una golfa, infiel, me chifla el sexo y además, me encanta que me den por el culo". Ahora el que se queda sordo es él. 

Salimos indignados, obviamente. Pero, además, salí avergonzada y preocupada. Avergonzada de que me incluyan en su "grupo". Avergonzada de que mi amigo sea juzgado sin más penalización que mi enfado. Preocupada porque los prejuicios impedirán, ahora y en el futuro, que muchos sean buenos profesionales. Mosqueada porque ¡a este tipo le pagamos todos!.  

Hasta aquí mi primer enfado. Descomunal, pero simplista. Mi enfado en todo momento estuvo focalizado en mi amigo. Muy bien, genial, ¡qué enrollado soy!. Realmente, sinceramente, me enfada que esto ocurra. Sin embargo, he necesitado días para darme cuenta de que ambos recibimos el mismo golpe.En ningún momento pensé en el modo en que me afectaba a mí esa conversación.Y señores,¡Nos han robado el culo!. Lo importante no es con quién. Eso es colateral. Importa qué. Si te gusta que le presten atención a tu culo eres un desviado. Esto sólo se perdona cuando el "hombre" le da a la "mujer" y sólo disfruta él. En ese caso, lo llaman instinto. 

2 nov. 2011

Virginie, ¡quiero ser tu estilista!


Leo "Teoría King Kong" de Virginie Despentes. Brutalmente honesta, lúcida, punk. Fantástica.Salvo por una nimiedad. De hecho, con esto que voy a decir no pretendo sacarle punta al libro, sólo puedo fundirme en halagos. Más bien la utilizo a ella para hablar de algo a lo que le tengo ganas. 

Virginie, en un momento del libro, dice de sí misma que viste como un hombre, que ella no dedica tiempo a las cuestiones del adorno. Estupendo, todo bien. Cada uno le dedica tiempo a lo que le da la gana y no todas las batallas son las nuestras. Pero...

Parecer un "marimacho", como dirían muchos, puede parecer subversivo. Puede incluso serlo en algunos contextos, pero no es lo suficientemente radical y cae en contradicciones. De hecho, si nos fijamos bien veremos que cae en la trampa por partida doble.


Por un lado, huye del estereotipo femenino para caer en el masculino. No representan un hombre producido, estilizado, reinventado... El hombre que reproducen es el partner de la mujer de la que huyen. Sea como fuere, ambos salen de la misma fábrica. Representan ese hombre que no se adorna, que no lo necesita, que es así de natural... porque puede.

Por otro lado, sigue apegada a ciertos clichés femeninos. Perdona guapa pero, entre nosotras, la cami te marca las tetas (¡todas las camis lo hacen!), llevas tejanos y el pelo largo, suelto y alborotado. Vamos, hits de lo sexy!. En esta foto también llevas los labios pintados pero seguro que te obligaron por ser fotos promo. No pareces un tío sólo por no arreglarte.  Lo digo sin acritud. De hecho, aunque el estilismo me aburre soberanamente, a ti ¡me chiflaría hacerte uno!. Para que parezcas TAN como pareces.

Lo verdaderamente subversivo no es invertir los géneros. Eso, en el caso de las "mujeres", está superado. No desestabiliza. El que mira descodifica ese look, sabe qué hacer con él, sabe en qué cajón y bajo qué etiqueta tiene que ponerte. El discurso está tan manido que no causa ningún efecto. En el caso de los hombres es distinto. Un "hombre" con tacones aún es subversivo. Y excitante.
  
Sea como fuere, lo que de verdad desestabiliza, el verdadero cortocircuito lo provoca  el look que no sabes clasificar, que desconcierta, que no entiendes, donde se mezclan símbolos y mensajes antagónicos. Es muy divertido comprobar que las personas no sabemos cómo comportarnos ante alguien cuyo look nos deja fuera de juego. Algo muy de base se desmonta. 

Nuestro aspecto es una de las armas de representación de nuevos códigos más inevitable, y en consecuencia, poderosa que hay. El resto de nuestras producciones son evitables; si no quieren no te leen, si no quieren no ven la peli o el docu, si no quieren pasan de ese nuevo libro. Pero si sales a la calle y caminas entre la gente, en ese momento eres ineludible. 

Vestirse es una acción política. Y como tal debe entenderse. 

¡Una chica lista como tu no debería descartar esta herramienta!.

Y ahora, sí. Gracias Virginie.