12 feb. 2012

# La rajita #



El primer tramo de metro que recorro antes de sumergirnos bajo tierra es el único momento al día en que puedo ver el horizonte. Lo que dura el tramo viajo absorta y relajada, ajena a lo que el día pueda depararme. Estoy en ese divagar cuando oigo una vocecita que me dice: "Oyeeee, ¿tú tienes rajita?". 

¿Perdona? ¿Rajita?. Miro a mi costado. Una personita pálida como la mañana me mira y espera severa un respuesta por mi parte. "Sí, tengo rajita". Me mira de arriba abajo como si no terminase de creerme, como si no terminase de entender. Está aterida. Pienso en que no es el frío sino su descubrimiento lo que la ha debido dejar helada. ¡Ya sabe que tener rajita significa algo! Hasta hoy, su cuerpo con su rajita han sido materia sin significados.  Hasta hoy, los chicos y las chicas se distinguían por el nombre. Hasta hoy, en el mundo había niños y mayores. Pero el acto de investidura de la rajita lo ha cambiado todo. Hoy, el mundo se divide en chicos y chicas. Hoy, su cuerpo significa cosas con imposibilidad de elección, sin derecho a autocrearse. Le toca ser chica. 

Sigue diseccionándome con la mirada. Ahora que sabe que es chica quiere saber como son y busca elementos comunes. Sé que lo hace. Yo también lo hice. Sonrío. Mi aspecto deliberadamente ajeno a esas categorías no le está siendo de gran ayuda y eso me divierte. Al verme sonreír, ahora "ella" también sonríe. "La rajita es sólo una rajita" le digo y vuelve a sonreírme. 

De repente la magia del momento se ve interrumpida por su madre que le da la mano y la separa de mi y la sienta en su regazo. De repente, el metro se convierte en subterráneo.