30 mar. 2012

Gallardón o el control de sexo




Las rocambolescas historias de Erika Schinegger, Caster Semenya, Santhi Soundarajan o Maria Jose Martínez Patiño no hubiesen ocurrido si Gallardón en lugar de dedicarse a la política se hubiese dedicado a hacer controles de sexo para el Comité Olímpico Internacional. Tod#s ell#s son sólo algunos ejemplos de deportistas cuyas reconocidas trayectorias se vieron saboteadas porque no encajaban en la bipartidista asignación social de género. Nos gusta partir el mundo en dos: hombres/mujeres, izquierda/derecha, empresarios/trabajadores, etc.

Erika Schinegger era una leyenda del esquí, campeona mundial en 1966. Sin embargo, hizo falta un vasto equipo de urólogos, endocrinólgos, ginecólogos, psicólogos, psiquiatras, etc. para determinar el sexo real de la estrella. Erika, en realidad, era Erik.

La corredora sudafricana Caster Semenya batió múltiples récords, ganó títulos y... presentaba niveles de testosterona tres veces superiores a lo normal. Algunos lo llaman síndrome adrenogenital, otros hermafroditismo y los más desconfiados, simplemente, dopaje.

Santhi Soundarajan ganó en 2006 la medalla de plata en los 800 metros de los Juegos Asiáticos. Unos días después se la quitaron. El test de género realizado determinó que tenía un número más elevado del permitido de cromosomas Y. Le impidieron volver a competir. Sólo puedes ser hombre o mujer. 
Maria Jose Martínez Patiño era una reconocida vallista que no superó las pruebas del centro de control de feminidad tras descubrir un cromosoma Y en sus células. Patiño perdió todos sus títulos, su licencia para competir y su reconocimiento como atleta. La historia no acaba ahí. Maria, comprensiblemente frustrada, siguió haciéndese pruebas que determinasen su sexo. Dos años y medio después fue readmitida. La biología, en definitiva, resultó no ser tan concluyente.

Si está más que demostrado que tener un pene o una vagina no define la masculinidad y la feminidad, las pruebas de ADN no son tan esclarecedoras como pretendían, de los niveles de hormonas tampoco se obtiene una diferenciación clara y la capacidad reproductiva está cada vez más en entredicho... ¿cuáles son los rasgos decisivos para determinar estas categorías, a priori, indiscutibles? Y, en cualquier caso, ¿importa? Si las categorías pretenden la competición en igualdad de condiciones, ¿por qué no hablamos de corpulencia, altura o fuerza?