18 dic. 2012

Fake it, until you make it!



Fake it, until you make it! Esta es la conclusión a la que ha llegado la reconocida psicólogo social, Amy Cuddy, tras completar su proyecto de investigación "Power poses". Esta experta en lenguaje corporal y dinámicas de poder, profesora de liderazgo en Harvard y propietaria de un sinfín de premios y honores, dice que nuestro lenguaje corporal afecta directa e inmediatamente en nuestra bioquímica. El modo en que no sentamos, saludamos o caminamos provoca una alteración inmediata en nuestros niveles de testosterona y cortisol. Según este estudio realizado junto a Dana Carney, tras una exposición de 2 minutos a una postura concreta (llamadas "posturas de poder") se aprecia una subida significativa de testosterona. Y la exposición a una postura de loser, incrementará también, significativamente, nuestros niveles de cortisol. El colocón puede durar entre 15 y 30 minutos.
Que la mente somatiza sus estados en el cuerpo es algo que todos sabemos; pero este estudio demuestra que el camino también puede hacerse a la inversa. Es decir, el estado, actitud y gestualidad de nuestro cuerpo conforman también nuestra personalidad. Somos como nos movemos, igual que somos como pensamos. Ocupar el espacio, abrir brazos y piernas, expandirse en el espacio, no sólo contribuye a proyectar una idea de poder al exterior sino que ayuda a ¡experimentarla! 
El estudio también extrae otro tipo de conclusiones. Por lo visto, por una espacie de efecto de compensación (el equilibrio grupal debe ser algo que esta en nuestro adn), cuanto más arriba está el otro, más pequeños tendemos a hacernos nosotros y viceversa; cuanto más pequeño se sienta el otro, más arriba nos venimos. Según demuestran Amy y Dana, las personas tendemos a hacer mayor la diferencia. Asimismo, también han advertido que una postura mantenida en el tiempo terminará siendo aquello que fingió ser. 
Las virtudes del power posing son aplicadas, enseñadas y replicadas en ciertos entornos de los negocios y la política. Ahora, gracias a TEDtalks, las cuatro posturas de Amy Cuddy se comparten más que las tántricas. A priori, estas conclusiones suenan estupendas. Parece relativamente fácil sentirse más poderoso... y sí, de hecho, lo es... tanto como lo es su opuesto, hacerte sentir sin ningún poder.
Entro en facebook. ¡Quiero ver gente! ¡Quiero mirar con lo aprendido las últimas semanas! ¿Cómo no lo he visto antes? Las posturas en cuestión, son masculinas. ¡Ellos las adoptan con naturalidad! Nosotras, no. ¡35 años escuchando que cierres las piernas o que no te sientes de tal o cual manera no ayudan mucho! 
La gestualidad que nos corresponde a cada categoría es transmitida a fuego desde la infancia. Se nos exige asumir un lenguaje corporal u otro y, con ello, y esto es lo verdaderamente grave, una actitud vital u otra. Gracias a esa poda salvaje que son los géneros, ellos se tienen que mostrar seguros, fuertes y contundentes. Tienen que ocupar espacio, también literalmente. Abren las piernas todo el rato y separan los brazos del torso. Se expanden... (igual el rollo slim por eso no termina de cuajar entre ellos) ¡Ellos tienen que ser grandes! Nosotras, acogedoras y curvilíneas. Hemos aprendido a ser más pequeñas a fuerza de retorcernos. Solemos ocupar menos espacio del que necesitamos o del que sería natural. Nos encogemos. Nuestras posturas son las denominadas "powerless" (la palabra lo dice todo). Nos hemos metido tanto en el papel que hemos desarrollado un amplio abanico de posturas inverosímiles. Un quiebro para marcar cadera, otro para arquear la espalda y otro más para lucir escotazo, y todo... ¡sin que se note la contractura! ¡Podemos incluso hacer un cruce de piernas doble o poner el culo en pompa hasta lo insólito! ¡Sólo hay que ver las fotos de alumnos difundidas en Deusto para ver nuestras capacidades! ¡Incluso podemos tirar una foto en esa postura! Ellos, o son más torpes y no saben sujetar la cámara mietras se la sujetan o son más listos y las borran. O sencillamente, no necesitan sacarse fotos en ese plan. No juegan en esa liga. Nosotras sólo podemos ser contundentes sexualmente y en ese momento, nos meten tacones, no vaya a ser que, consciente de tu poder, ¡corras!
La gestualidad que se nos presupone, impone.

Strike a pose!